Publicado el

Todos necesitamos innovación. Hasta los músicos.

foto representativa de innovación

¿Diga?

Buenas, ¿Kike?

Sí, soy yo.

Verás, te llamo de la Escuela de Música de Villamayor de Abajo. Estamos interesados en que vengas a hacer una conferencia.

¡Genial! ¿De qué os interesa exactamente que hable?

Pues algo de innovación, de educación, inspiración…algo como lo de las charlas TED que haces, vaya.

Esta conversación se repite cada vez que alguien me propone colaborar en un proyecto musical. Y es que la innovación es atractiva. Nos imaginamos un grupo de creativos calvos, con gafas de pasta y jersey de cuello alto negro, en un edificio minimalista, haciendo brainstorming, después de un briefing, trabajando en el branding de la marca a través del design thinking.

Pero no, la innovación no siempre acaba en -ing. Y en concreto, en música, innovación tampoco es (o no solo es) hacer conciertos en los que se permita tuitear, ni clases de solfeo con iPads, ni crear una estrategia de marketing digital para tu carrera como músico clásico.

Y dicho esto, ¿qué es innovación?

Según la Fundación COTEC, referencia en innovación en España, se define como “todo cambio (no solo tecnológico) basado en conocimiento (no solo científico) que genera valor (no solo económico)”.

La innovación es una actitud permanente que, sea cual sea nuestro ámbito de actuación, debemos mantener ante un mundo de constante cambio. Y si hablamos de música, innovación es aquello que, en un futuro no muy lejano, nos permitirá resolver retos como la creciente media de edad del público en auditorios y teatros, la baja empleabilidad de las enseñanzas superiores de música, o la falta de formación del profesorado en los conservatorios y escuelas de música.

EL REALISMO COMO PUNTO DE PARTIDA PARA LA INNOVACIÓN

Aclarado esto, por fin los encargados de la Escuela de Música de Villamayor de Abajo sabrán algo mejor cómo puedo trabajar con ellos antes de que empiece la conferencia o el taller.

Dedico mi día a día a demostrar que todos podemos generar un cambio positivo en nuestro entorno, proponiendo soluciones viables y sostenibles que den respuesta a retos tan complejos como los antes mencionados. Cada mañana, cuando me levanto, me pregunto “¿cómo podemos crear una comunicación más cercana a las nuevas audiencias desde Clásica FM?”, o “¿cómo podemos empoderar a los jóvenes para que cambien su propia educación desde Reinventa tu Educación?”.

Pero, mientras que mis mañanas pueden parecer apasionantes trabajando en tan prometedoras preguntas, la magia se rompe cuando, para antes de almorzar, un par de personas ya me han dicho que eso es utópico, optimista o (mi preferida), que es labor de “los de arriba”.

Tendemos a asemejar la innovación social, educativa y juvenil con grandes soñadores que promulgan frases de Mr. Wonderful. ¡Y nada más lejos de la realidad! El primer paso para promover cualquier solución a un problema, es profundizar, entender y empatizar con las personas que lo sufren. Y es, precisamente, en la fase en la que actualmente se encuentra gran parte del sistema de la música clásica.

Idea innovación

LOS RETOS DE LA INNOVACIÓN MUSICAL

Tenemos que ser realistas para localizar las numerosas lagunas que, en los últimos años, han generado la inestabilidad de todo el entramado que compone la música clásica, así como aceptar retos que, pese a su incomodidad implícita, nos lleven a soluciones necesarias.

Necesitamos asumir que un sistema de educación musical especializada cuyos docentes no tienen, en la mayoría de casos, formación alguna sobre didáctica o pedagogía en general, es incoherente.

Necesitamos asumir  que un Grado Superior cuya principal carga lectiva se basa en repertorio orquestal y solista, es sinónimo de unas expectativas que gran parte del alumnado no logrará cumplir.

Necesitamos asumir que música es arte y, por tanto, emociones, creatividad, innovación, sociedad, cultura, lo que implica que cada profesor que pisa un conservatorio, debería estar preparado para inculcar esas herramientas en sus alumnos.

Necesitamos asumir que un sistema de educación general, que poco a poco demuestra los beneficios de romper con las asignaturas y apostar por el aprendizaje por proyectos, la inteligencia emocional y el aprendizaje internivelar, está a años luz de un sistema de educación musical en el que, en lugar de aprovechar tres profesores de percusión para un alumno de Grado Superior, los encajona en asignaturas tan anticuadas como “Repertorio Orquestal”, “Láminas” y “Parches”.

Necesitamos asumir, por otro lado, que una radio de música clásica pública con un discurso y estilo conservador, no tiene nada que hacer con una generación que, cada noche, puede elegir en Netflix lo que quiere ver, cuándo lo quiere ver y cómo lo quiere ver.

Pero sobre todo y ante todo, necesitamos asumir que esto, ni de lejos, es tarea de “los de arriba”. Estos retos son sistémicos y, como tal, necesitan del trabajo de todos y cada uno de los implicados. De un alumnado que se comprometa como agente activo en la transformación educativa, de un profesorado de conservatorio que reconozca la necesidad (generalizando y salvo contadas excepciones) de formación continua, de unos medios de comunicación que, sin banalizar el contenido, redirijan su discurso hacia lo juvenil, lo participativo y lo cercano, y, por supuesto, de unos políticos que revaloricen la educación musical y, en general, el arte.

Y finalmente, cuando descubramos la cantidad de retos por cumplir que se nos plantean, y lo apasionante que puede ser lograrlo, entenderemos a lo que nos dedicamos los que trabajamos en innovación social.

Pero no te preocupes, como dice mi admirado pianista Mario Mora, “queda mucho por hacer, pero se está haciendo”. Hay cientos de ejemplos de personas que se han lanzado a innovar y a dar respuesta a estos retos. Sin embargo, como este blog acaba de nacer, ya hablaremos de eso más adelante.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *