Este popular eslogan de una conocida marca de deporte se ha convertido en uno de los mensajes más inspiradores de las últimas décadas, una de las citas más utilizadas como fuente de motivación en cualquier ámbito. Sin embargo, pocos sabíamos que es Muhammad Ali, leyenda mundial del boxeo e icono del siglo XX, quien está detrás de estas palabras.
Soy Luisma Cuartero y aunque tras esta introducción quizás esperéis una historia de superación personal o algo por el estilo, siento deciros que soy una persona de lo más normal.
Soy un percusionista sin herencia musical aparente con una vocación musical innata y cuestionables habilidades para el desarrollo de la misma. Un percusionista que con una gran dosis de ilusión y determinación soñaba con convertirse en músico de orquesta pero que no era capaz de mostrar sus habilidades musicales en público. Un percusionista que sentía que no era exactamente ansiedad escénica lo que sufría. Un percusionista que lejos de rendirse comenzó a buscar respuestas alternativas y empujado por aquellas palabras de Ali os habla de algo que, sin saber de su existencia, me rondaba por la cabeza desde hace mucho tiempo.
Hoy os hablo de la autoeficacia, constructo psicológico que debe ser entendido como “la creencia de las personas sobre su capacidad de tener éxito en una situación particular”, o lo que es lo mismo: no basta con ser capaz…; hay que juzgarse capaz.
Pero empecemos por el principio…
¿Por qué autoeficacia?
1.- Autoeficacia porque como he dicho, mi propia experiencia personal me decía que había vida más allá del hit ansiedad escénica.
Si buscas resultados diferentes no hagas siempre lo mismo
A. Einstein
2.- Autoeficacia porque la sociedad actual demanda una serie de competencias profesionales y personales que se definen en términos de capacidad.
Adaptarse o morir
C. Darwin
3.- Autoeficacia porque el objetivo principal de la educación formal no debería ser otro sino equipar a los estudiantes con las herramientas intelectuales, las creencias de eficacia y los intereses intrínsecos que les permitan educarse a sí mismos en las diferentes actividades que acontecen a lo largo de sus vidas.
Autoeducación
A. Bandura
Evidentemente, es necesario poseer unas habilidades reales u objetivas para interpretar el Concierto de Marimba de Rosauro, por ejemplo. Pero, también es necesario disponer de las percepciones de autoeficacia necesarias que me permitan llevar a cabo dicha interpretación en público.
¡Solamente te falta creértelo!
La autoeficacia es esencial en el contexto de las enseñanzas musicales cuya finalidad es proporcionar una formación artística de calidad que garantice la cualificación de los futuros músicos profesionales. Es decir, en el proceso de alcanzar el éxito musical, rasgos personales o habilidades musicales son importantes, sin embargo la autoeficacia emerge como un factor clave; elemento que media entre nuestras habilidades objetivas, su ejecución y sus consecuencias.
¿Cómo influye la autoeficacia?
Lo más asombroso de la autoeficacia es cómo actúa sobre nuestra conducta. La autoeficacia influye en la elección de actividades, en el esfuerzo, en la perseverancia, en la confianza y en la serenidad.
Aquellas personas con bajos niveles de autoeficacia no suelen participar en actividades que consideran difíciles, suelen desistir ante la más mínima dificultad y se muestran ansiosas durante el desarrollo de las mismas. En cambio, una persona con altas percepciones de autoeficacia suele visualizar con éxito situaciones que suponen un reto, achacan los pequeños tropiezos a la falta de esfuerzo más que a la falta de habilidad y perciben los nervios como una estimulación más que como una amenaza.
En definitiva, las percepciones de autoeficacia influyen en nuestra motivación, en el logro y en el bienestar personal.
¿Qué hago para mejorar mis percepciones de autoeficacia?
Llegados a este punto, es probable que alguien se pregunte si posee o no las percepciones de autoeficacia suficientes o necesarias, pero no os preocupéis. Las cuatro fuentes de información de la autoeficacia son el kit de la cuestión. Fuentes de información que me permitirán juzgarme capaz o no de interpretar un programa de concierto determinado aumentando considerablemente mis posibilidades de éxito.
Mis experiencias previas en situaciones similares, las experiencias vicarias de cualquiera de mis compañeros, la persuasión verbal de mis padres, profesores o amigos y un estado fisiológico que me permite percibir el estrés previo al concierto como estimulación más que como una amenaza, son el requisito clave para concluir con éxito la interpretación en público del citado concierto.
Y ahora, ¿qué?
Basándonos en la teoría de la autoeficacia de Albert Bandura es posible afirmar la influencia de padres, profesores o amigos sobre nuestras percepciones de autoeficacia. Me explico:
Proponer metas progresivas en dificultad para evitar experiencias de fracaso, participar como un igual en diferentes actividades, utilizar un vocabulario y una predisposición positiva que mejore la motivación o mediar en el estado fisiológico son algunas de estas posibles formas de influencia del apoyo social sobre la autoeficacia y, en definitiva, sobre el logro musical.
La autoeficacia es solamente una muestra más de la necesidad de incluir aspectos relacionados con psicopedagogía en unas enseñanzas musicales que demandan una dedicación tan exclusiva. Unas enseñanzas caracterizadas por un aprendizaje eminentemente autónomo cuyos resultados no suelen ser inmediatos y dónde es necesario mostrar los avances de forma constante en público.
El objetivo principal de este y muchos otros trabajos no es otro sino presentar evidencia de los factores que intervienen en la consecución del logro musical para adaptar nuestras enseñanzas musicales a las demandas de la sociedad actual y proporcionar una formación musical que garantice el aprendizaje a lo largo de la vida.
Cuando se trata de enseñar no hay música sin didáctica ni didáctica sin música.
Nuestras enseñanzas musicales han quedado al margen de las últimas reformas legislativas, algo que nos obliga a continuar trabajando para reformar y mejorar el currículo de las mismas teniendo en cuenta su especificidad. En este contexto, la autoeficacia nos proporciona un marco teórico excepcional.
Hay quien pensará que las palabras de Ali, nada es imposible, son una utopía. Sin embargo, yo prefiero considerarlas como un forma de vivir; un ideal que me permite crecer profesional y personalmente de forma constante. Es ahí donde la autoeficacia entra en juego. Os dejo con esta pequeña reflexión:
La característica más sorprendente de los grandes genios de nuestra historia es su inagotable percepción de autoeficacia; algo que los empuja a emprender determinadas actividades desafiantes o retos con gran motivación y, lo más importante, les ayuda a persistir en los momentos difíciles.

Interesantísimo artículo apto para todos: en las enseñanzas musicales y en nuestro devenir como seres humanos. Querer es poder y tú lo demuestras en todo lo que haces. ¡Enhorabuena Luis Manuel!
Muchas gracias! Es bonito ver cómo poco a poco se van cumpliendo nuestros retos!
Totalmente de acuerdo.
Con capacidades y estimulación por parte de nuestro entorno conseguimos una autoestima con la que podemos lograr metas que de otro modo se considerarían inalcanzables.
Felicidades !!!
Eso es! Hay que proporcionar una formación más completa a nuestros hij@s y alumn@s!