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Puccini y el timbal

Decorado Turandot. Puccini

Hola a tod@s querid@s percusionistas y músicos en general. Antes que nada quisiera agradecer a Goldenperc y sus colaboradores la oportunidad que me brindan para poder aportar mi pequeño granito de arena a ésta comunidad.

Cuando en un principio se pusieron en contacto conmigo para que diese mi visión como timbal solista de una orquesta profesional, enseguida me vinieron a la mente los “tópic” más comunes… Beethoven y la revolución del timbal, Mahler y sus sinfonías, Strauss y sus cambios de afinación o incluso Schumann y sus “posibles” notas falsas; pero en realidad me apetecía hablar de algo que no tan comúnmente se suele hacer. Después de 9 temporadas como timbal solista de la OFGC, ha habido muchas sorpresas sobre cómo los compositores han utilizado este maravilloso instrumento para sus obras, pero para mí, uno de los grandes descubrimientos ha sido el compositor Giacomo Puccini.

Mi orquesta hace mayoritariamente repertorio sinfónico pero por suerte, hacemos cinco títulos de ópera al año. Digo por suerte porque tocar ópera me ha enriquecido musicalmente de una manera que nunca antes imaginé. Cuando llegué a la orquesta, he de reconocer que no me apasionaba especialmente la idea de tocar ópera, no solo por mi afán por tocar ese repertorio sinfónico que todos conocemos, sino también por el desconocimiento que tenía sobre el repertorio operístico. Y es que con toda la humildad y respeto del mundo, las únicas pinceladas que tuve en mi etapa como alumno fueron los archiconocidos pasajes orquestales de Strauss y Wagner que aparecen en nuestro querido Probespiel. Pero existe un repertorio quizás no tan conocido pero igual de importante, el cual he ido conocido a lo largo de mi etapa como timbalero.

Y es aquí donde aparece el verdadero protagonista de ésta breve historia… Puccini.

Quien haya tocado alguna ópera de Puccini, habrá podido comprobar que dominó a la perfección la escritura para timbal. Además de tener un concepto muy claro de lo que representa el timbal en una orquesta, su obra denota que Puccini poseía un gran control técnico sobre el instrumento. Introduce un rango de intervalos enorme ( 8ª-6ª-5ª-3ª…) y con ello una gran cantidad de cambios de afinación durante todo la obra. Dotó al timbal de grandes momentos solísticos y supo exprimir al máximo las posibilidades tímbricas y sus dinámicas. Pero quizás lo más importante para mí fue que supo combinar a la perfección éste maravilloso instrumento con la escena y es aquí donde principalmente radica su dificultad.

La mágica interacción música/escena.

Porque tocar ópera, amigos, y especialmente Puccini no es solamente tocar con buen sonido, afinado, empastado y a tempo. Si queremos ir más allá y exprimir al máximo las virtudes de Puccini en el timbal, debemos conocer la historia, la trama, los personajes y las diferentes escenas que ocurren a lo largo de cada una de sus óperas.

Como ejemplo pondré la que quizás sea la ópera más significativa no solo desde el punto de vista del timbal sino también de la percusión: TURANDOT.

Como breve información y a modo de síntesis, es una ópera en 3 actos, que transcurre en el lejano Oriente (Pekín) donde  la princesa Turandot proclama que se casará con aquel hombre que pase la prueba de los tres acertijos, donde Calaf, el príncipe Tártaro, intentará conseguir su amor. Fue su última ópera, la cual no llegó a concluir.

Además de su ya característica armonía modal a través de la utilización de escalas pentatónicas y hexátonas (recurso que ya utilizara con anterioridad en Madame Butterfly, Tosca y la Bohéme), Puccini supo orquestar a la perfección la sección de percusión para conseguir ese sonido exótico y oriental que andaba buscando. Para ello no dudó en utilizar una amalgama de colores utilizando un sinfín de instrumentos (gongs afinados, tam-tam, glockenspiel, xilófono, marimba, platos, bombo, triángulo, tamburo…).

El timbal juega un papel fundamental durante toda la ópera y su escritura modula rápidamente en base a las exigencias de la escena. Claro ejemplo de ello es el principio de la ópera, donde si ante la inminente aparición del pueblo pidiendo la guillotina para el príncipe de Persia, el timbal tiene un carácter muy rítmico a modo de marcha junto a la sección de metales, hace un giro radical ante la aparición de la princesa Turandot, adoptando un carácter mucho más armónico y de acompañamiento. Esos giros radicales en la música de Puccini son sin lugar a dudas unas de sus características principales y no serán indiferentes para el timbal, por lo que nuestra aportación a la música será crucial para enfatizar la escena. Otro momento como ejemplo no solo por el protagonismo del timbal sino también por el dramatismo que posee la escena ocurre en la famosa aria (Tu, che di gel sei cinta) donde Líu. criada del Rey Timur y locamente enamorada de Calaf, se suicida antes de desvelar el nombre de su enamorado. Como dato curioso, éstas fueron las últimas notas del Puccini, ya que falleció antes de acabar la ópera. A pesar de no ser un pasaje de extrema dificultad técnica, musicalmente es sin lugar a dudas uno de los momentos más dramáticos e intensos que particularmente he experimentado. En otras ocasiones, el timbal ayudará a los cantantes a llegar al punto más álgido de un aria. Ejemplo indiscutible en Turandot, el famoso “Nessum Dorma”, donde el timbal solo aparece los últimos compases con un espectacular redoble en crescendo dando soporte y amplitud al acompañamiento de esta maravillosa aria, donde el tenor saca todo su potencial.

El conocimiento de qué roll desempeña cada personaje en la ópera, es fundamental si queremos ahondar en la interpretación. Al igual que hiciera Wagner en su obra, Puccini utiliza diferentes leitmotiv para identificar a sus personajes. Esos leitmotiv no solo aparecen en el timbal de manera rítmica sino también de manera armónica, y es que el compositor italiano utilizaba diferentes tonalidades para sus personajes así como diferentes motivos y patrones rítmicos.

Si tuviese que hacer algún tipo de comentario sobre qué baquetas usar, solo puedo recomendar que tengas una amalgama de colores y durezas muy amplia. Puccini como buen posromántico, sabe jugar con los límites sonoros y tímbricos de la orquesta y en el caso del timbal será crucial una buena elección de baquetas para conseguir el color oportuno en cada escena. Lo importante para mí es tratar de aportar a la escena el mayor realismo posible a través de nuestra interpretación. Con respecto a éste punto, he de decir que mucho de éste trabajo dependerá también de otros elementos externos a la música, como por ejemplo el tipo de foso donde tocas y tu colocación en el mismo (cerca de la cuerda o al fondo con los metales…), la plantilla de la orquesta (en ocasiones se reduce cuerda por falta de espacio), el casting de cantantes y por supuesto el maestro que esté al frente de la orquesta. Bromas aparte, tocar con un maestro especialista en ópera es algo muy enriquecedor para un timbalero y si ya es un buen “Pucciano”, es OTRO MUNDO. Te hará disfrutar de lo lindo e intentará sacar del timbal su máximo rendimiento, ya que no lo verá como un mero acompañamiento sino como parte fundamental de la escena.

A pesar de que Turandot es posiblemente la obra más completa de Puccini como repertorio de timbal, no podemos olvidar otras grandes óperas como Tosca o Manon Lescaut, donde juega un papel fundamental en la interacción de la música con la escena. En otras como La Bohéme o Madame Butterfly, quizás el timbal posee un carácter más secundario y de acompañamiento, no por ello menos importante.

Creo que todo el que haya tocado alguna vez una ópera de Puccini, se sentirá un poquito identificado con lo que he tratado de exponer en éste breve artículo. Como músico y timbalero profesional, me siento especialmente afortunado cada vez que interpreto una de sus obras y por eso mi interés en dar a conocer, bajo mi humilde experiencia, el excelente trabajo que hizo en la aportación para el repertorio de timbal.

Desde Canarias y con mucho cariño para todos, Francisco Navarro.

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El arte de liderar, el arte de acompañar

Los timbales de la BOS en el Palacio Euskalduna

La importancia de los timbales en la orquesta

Una melodía preciosa suena en las cuerdas y en las maderas, y de tanto en tanto es acompañada por unos pizzicatos de chelo y contrabajo a los que tú, con toda la suavidad, en un piano delicado pero sonoro, te sumas ampliando así la duración, el sonido y la profundidad de esos pizzicatos. Aguantas, agarras el tempo un poquito para tocar más tarde de lo que te gustaría, y así caer justo a la vez que todos ellos, y sentir cómo la nota, perfectamente afinada, se expande por toda la orquesta y llena todos los huecos.

Hace años que descubrí que los timbales eran mi instrumento, que no había ningún otro con el que me sintiera igual de bien, igual de cómoda. Las sensaciones que he experimentado con ellos en la orquesta a lo largo de este tiempo han sido únicas, y es por eso que quiero compartirlas con todos vosotros, percusionistas, timbaleros, músicos y melómanos en general.

Con solo 7 años ya sabía que quería estudiar percusión sí o sí. Con esa edad, ver un concierto de Carmina Burana en primera fila del coro fue para mí una experiencia inolvidable, y desde que acabó la última nota ya avisé a mi madre: “mamá, quiero aprender percusión en el conservatorio”. No batería, ni tambor, ni bongos… no no, PERCUSIÓN en mayúsculas y con todas sus letras. Con el tiempo me dí cuenta de las maravillas y la posibilidades de esta gran familia, aunque también las dificultades, pues la cantidad de instrumentos que debes dominar es tanto el handicap como la ventaja de ser percusionista. Pero fui creciendo y empecé a tocar y a estudiar también los timbales, al principio como un instrumento más, usando la misma técnica que en la caja, pero poco a poco apreciando sus particularidades y sus grandes diferencias. Un buen día todo empezó a encajar  y descubrí el sonido de los timbales, su potencial, su color. Es decir, encontré mi manera de tocarlos, y resultó que me encantaban. Ya había cruzado la línea, no me sentía igual con ningún otro instrumento.

Sin embargo no fue hasta que los toqué en una orquesta, cuando me dí cuenta de que todo lo que había aprendido hasta ese momento no era nada, pues los timbales no son un instrumento para tocar tú solo en el aula, sino que cobran todo su sentido cuando se suman al conjunto instrumental. Ahí es cuando realmente puedes hacer uso de todo su potencial: dar color, mantener el pulso, establecer el ritmo, liderar, guiar, hacer de sustento armónico, marcar el rango dinámico…parece mentira, pero todas esas funciones las tiene un timbal dentro de la orquesta.

La tensión ha ido en aumento durante unos 20 minutos, está a punto de llegar el momento cumbre de toda la sinfonía. Crece en ti el gusanillo en el estómago… Y  en el pico más alto de tensión, en el tutti orquestal, tu corazón se acelera mientras relajas tus manos, tus muñecas, y levantas los brazos bien arriba para coger impulso. Los dejas caer con velocidad en el momento preciso, y ahí estás con tu redoble en el timbal grave, en tres, cuatro, o incluso cinco “f”, pero siempre con un sonido grande, no estridente, ni agresivo, tan grande que hace que vibre todo tu cuerpo y todo el escenario.

Muchas veces me preguntan cómo un instrumento tan grande y que suena tan fuerte lo toca una mujer tan pequeña como yo. Ahí está el error. El timbal no es algo tosco, grande, bruto, como a veces se percibe desde fuera. Puede sonar muy fuerte, (aunque más que fuerte, yo diría grande), pero también puede sonar muy suave, delicado, bonito. Por las características propias de este instrumento nunca podréis tocar una melodía como en la mayoría de instrumentos, pero sí que podréis uniros a ella, aportando un color diferente, y muy especial.  

Cuando tocas los timbales en la orquesta no basta con “hacer sección”, como tantas veces nos han repetido y hemos practicado en el aula de repertorio.  Más bien eres como un segundo director, y eso implica saber qué están haciendo el resto de instrumentos, controlar no sólo la melodía que suena y dónde suena, sino el resto de voces, acompañamientos, e incluso la armonía, y equilibrarte con todo ello. Debes saber cuándo sobresalir para ser tú quien domine, conseguir que la orquesta te escuche y así hacer que todo se ensamble. Pero también debes saber cuándo quedarte en segundo plano y simplemente acompañar y dejarte guiar por lo que ya está sonando. Lamentablemente esto no se aprende en clase por mucho que estudies…sólo con la práctica eres capaz de llegar a entenderlo y a hacerlo tuyo.

Sin embargo no todo es fijarnos en esto (a pesar de lo importante que es), sino que además debemos cuidar mucho nuestro sonido, prestando especial atención a los detalles, ya que es lo que marcará la diferencia. Muchas veces un director, el público, o incluso tus propios compañeros no van a notar si tocas con una u otra baqueta, pero por muy parecidas que sean, siempre va a haber un cambio en el color, en el sonido, en el peso… Rara vez un director te va a pedir que toques esa nota “un poco más cálida”, o esa otra “un poco más oscura y con más peso”, por eso debemos ser nosotros quienes decidamos y cuidemos estos detalles, en función de cómo sintamos la música que está sonando. Así que elegir siempre con mucho mimo cómo tocar, dónde tocar, y con qué tocar, porque todas las notas son importantes y todas ellas deben ser musicales.

Ritmo, tempo, sonido, color, y afinación, ahí tenéis lo que para mí son los cinco pilares de este instrumento. Cuando todos ellos encajan, es cuando realmente disfruto tocando. Y es que para mí…

…no hay nada mejor que tocar los timbales en los grandes momentos de una sinfonía, donde casi siempre el clímax llega de la mano del timbal, y un hilo de electricidad te recorre todo el cuerpo.

…no hay nada mejor que tocar los timbales cuando toda la tensión ya ha pasado, y con suavidad y lentitud eres la encargada de apoyar esos cambios musicales con unas notas profundas, perfectamente afinadas y llenas de sonido.