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Liderazgo

Liderazgo director percusionista

A lo largo de los muchos años que un estudiante pasa en una escuela de música o en un conservatorio, son muchas las asignaturas y conceptos que debe de ir almacenando en el cerebro para poder llegar a ser un músico profesional: lenguaje musical, armonía, historia de la música, técnica instrumental y un larguísimo etcétera. No obstante, hay otros aspectos que uno solo puede descubrir a través de la experiencia vivida al ocupar un determinado puesto de trabajo.

Tuve la inmensa fortuna de, con apenas 21 años, conseguir la plaza de primer percusionista de la Orquesta Sinfónica de Galicia, y como reza el tópico, sentí una mezcla a partes iguales de ilusión y responsabilidad. Pronto pude poner en práctica todos aquellos conceptos que había estudiado durante la carrera, y además hacerlo en un conjunto sinfónico de gran prestigio. Pero pronto también me di cuenta de la importancia de un aspecto que no formaba parte del currículo de asignaturas: el liderazgo.

Mi trabajo como líder de la sección de percusión conlleva tres apartados: el organizativo, el artístico y el humano. El trabajo de organización implica el reparto de papeles e instrumentos entre los miembros de la sección, la comunicación con el departamento de producción para tener preparado el montaje del material, el contacto con la oficina para comunicar el número y nombre de refuerzos necesarios, y por supuesto, una relación fluida con el gerente y con el director musical para solucionar todas aquellas cuestiones que hagan referencia a la sección de percusión.

Tocar en una orquesta es un trabajo en equipo en el que hay que aceptar y respetar una serie de jerarquías. Los demás integrantes de la sección de percusión deben seguir las indicaciones artísticas del líder de la sección, pero a la vez este líder está obligado a seguir a los demás músicos principales del resto de la orquesta, en un contacto auditivo permanente. Por lo tanto, liderar artísticamente una sección implica ponerla al servicio del conjunto. Al mismo tiempo que lideras tu sección, sigues a las demás.

He hablado del apartado organizativo y del artístico, pero el más complejo y a la vez más importante es el liderazgo humano. El líder de la sección está obligado a mantener la cohesión y el equilibrio entre los demás miembros del grupo, tanto los integrantes fijos de la orquesta como aquellas personas que participan como refuerzos. Creo que la única forma de asegurarse el liderazgo de una sección es ganándose el respeto de sus miembros. Esa autoridad, para que sea sólida, debe de ser aceptada, nunca impuesta.

Ni que decir tiene que a la hora de coger la batuta y ponerte al frente de una orquesta de 85 personas, el liderazgo resulta esencial. En mi experiencia como director, siempre he intentado aplicar los mismos principios que cuando estoy ejerciendo como primer percusionista.

Lo primero es ser solvente en el apartado artístico, y con eso ya consigues un importante primer aval de consideración. Pero al mismo tiempo, es imprescindible crear las condiciones necesarias para que los músicos den lo mejor de sí, y eso se consigue con un trato humano que combine la exigencia con la cordialidad, la intensidad con la afabilidad. Me atrevería a decir que existen dos ingredientes infalibles para lograr ese óptimo clima de trabajo: la naturalidad y el sentido del humor.

Todo esto es bastante fácil de exponer pero muy complejo de llevar al día a día, y es uno de tantos elementos en la vida que uno va experimentando y tratando de mejorar. A lo largo de 18 años de vida profesional, he visto pasar por el podio de la orquesta a una larga lista de directores, y además de aprender innumerables conceptos técnicos que han contribuido a mi formación artística, siempre me ha fascinado observar cómo cada director es capaz de liderar a un grupo de personas tan heterogéneo. No hace falta decir que también todos hemos sido capaces de observar en ocasiones cómo algunos directores son incapaces de liderar ese colectivo.

Pero lo más curioso de todo es que entre el grupo de directores con gran capacidad de liderazgo, la forma en que lo consiguen es completamente dispar. Los hay con un carácter más áspero, otros más amables, otros muy intensos, otros más serenos. Pero hay un elemento común en todos ellos: su liderazgo es aceptado de forma natural, porque tal vez querer imponerlo sea la muestra más evidente de carecer de él.

Podríamos abrir un debate todavía más complejo tratando de dilucidar si el liderazgo es innato o se puede aprender, o ahondar en las diferencias entre el poder, la autoridad y el liderazgo. Existe buena y variada bibliografía al respecto. En cualquier caso, son conceptos que aparentemente no están relacionados con la música pero que acaban teniendo una enorme repercusión en el éxito profesional, y por tanto merece la pena reflexionar al respecto.

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La orquesta desde sus extremos

Director percusionista. La orquesta desde sus extremos

Cómo experimento la percusión orquestal cuando estoy en la tarima del director.

Queridos amantes de la percusión y de la música en general. Es un placer para mí poder escribir unas líneas en este blog y poder así aportar mis visiones y experiencias personales. ¡Que viva la interacción, el intercambio y el aprendizaje conjunto!

Llevo casi toda mi vida dedicada a la música, y en concreto a la percusión. Desde 2011 trabajo como solista de percusión en la Orquesta Sinfónica de Amberes (Bélgica) y en los últimos años mi carrera ha tomado el rumbo de la dirección de orquesta. Es por esta razón que mi post no tendrá un contenido educativo en su enfoque, sino que será más un texto donde compartir experiencias vividas que nos puedan hacer pensar a todos. Espero que sea interesante.

Una de las primeras cosas que nos quedan claras durante nuestras primeras veces en un escenario (bien sea para tocar en una orquesta profesional, una amateur, banda, etc.) es que nada tiene que ver con la experiencia de estudiar o prepararse en casa, escuela o conservatorio. Y es que una de las grandes razones por las que decidí dedicarme a este maravilloso ‘mundo’, es la necesidad de interacción con otros músicos, profesores, estudiantes, personas en definitiva, que la actividad musical requiere. Qué importante es poder olvidar nuestra persona para abrirnos a escuchar y reaccionar a toda la información y energía que nos llega de alrededor. Esta es para mi la clave de un buen músico de orquesta, sea cual sea su instrumento.

Últimamente estoy teniendo la oportunidad de pasar algún tiempo haciendo música desde la tarima del director, y he vuelto a experimentar aquellas sensaciones de mis primeros días como percusionista, donde uno tiene que adaptarse a todo, identificar sonidos, sensaciones internas, controlar sentimientos… ¡que alegría! Recibir el sonido de una orquesta sinfónica desde ‘el otro lado’ es interesantísimo, todo se ve y percibe distinto. Los percusionistas estamos acostumbrados a tratar con mucho mimo pequeños pasajes o intervenciones que duran apenas segundos, a buscar sonidos concretos que queremos probar y mejorar, buscar detalles en los detalles… para nada es una crítica, ¡que no acabe nunca esa actitud! Si menciono esto es para explicar un poco que la cantidad de información que se recibe desde allí arriba es tan grande que yo, este humilde director primerizo, todavía no alcanzo a gestionarla por completo. Lo que sí hacen estas situaciones es recordarme que después de hacer el viaje de búsqueda y las pruebas pertinentes, debemos siempre imponer la simplicidad y practicidad para que nuestras ideas se comprendan y funcionen de la mejor manera en servicio de la música.

A día de hoy, cuando tengo la suerte de poder dirigir, elijo la posición de tomar a la percusión (léase a los percusionistas) como mis aliadas/os. Intento no fijar mi atención mucho en lo que sucede en la fila de más atrás, dar libertad y confianza, ya que necesito mis sentidos para poder acostumbrarme a todo el volumen de información que recibo y que es más nuevo para mí. En la búsqueda de balance decido ahorrar esfuerzos en el campo que en principio más domino para para poder mejorar en otros. Estoy seguro que esta actitud que tomo ahora cambiará en el futuro si tengo la suerte de seguir aprendiendo. Con más experiencia podré manejar todo mejor, aunque esto no significa que no tenga mis apreciaciones y tome nota de ellas.

Algo de lo que sí me he dado cuenta es que soy mucho más abierto y considerado hacia lo que llega a mis oídos (sonidos, instrumentos, versiones) cuando dirijo, en relación a cuando estoy tocando. Muchas veces hacemos las cosas por inercia, como las aprendimos, o como las solemos hacer siempre. Prejuicios que muchas veces tenemos por experiencias que tomamos de los demás, de personas ajenas y no por las nuestras. La dirección ha acentuado, o al menos refrescado, esa actitud tan necesaria que es la autocrítica, pensar todo muchas veces, contrastar, debatir, compartir… y es que ¡hay tantas posibilidades! Hay muchos instrumentos que yo nunca utilizaría en mi lugar de trabajo, y que de repente me han sorprendido en un ensayo. Tipos de baquetas, parches… Es muy interesante y enriquecedor, y pienso que no hay verdades absolutas. Prueba de ello es la evolución constante que tienen los instrumentos. Y no solo los instrumentos, sino la utilización de los mismos.

Me gustaría lanzar una reflexión al viento, y es que no demos nunca nada por sentado. En ningún sentido. Y tomemos siempre la música que se está interpretando como máxima para tomar decisiones (más que si nos han enseñado de uno u otro modo). ¡Tomemos las partituras, interpretémoslas, equivoquémonos! Solo así se avanza y se mantiene la música viva. Y sobre todo, hagamos propuestas. No hay nunca un director de orquesta, un profesor o compañero de música de cámara al que le incomoden las propuestas. De hecho, siempre suele ser al contrario. Es la falta de propuestas lo que nos lleva a situaciones incómodas o poco creativas. Y, ¿quién es más creativo que alguien que consigue dotar a la música de su sentido pleno con platos, triángulos e instrumentos de lo más básico? ¡Sólo los buenos percusionistas!

Me gustaría poder escribir otro post en algunos años explicando cómo de fácil y llevadero es todo. Pero algo me dice que la música es todo menos eso, fácil. Por eso la queremos tanto y la disfrutamos, cada uno a nuestra manera.

Un placer poder dirigirme a todos vosotros y nos vemos por la red.

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Baquetas y batutas

Baquetas y batutas, director percusionista

“Coge una baqueta y golpea un tambor con un movimiento muy veloz. A continuación repite el ejercicio haciendo un movimiento lento”.

Así comenzaba uno de los capítulos iniciales del primer método de técnica de dirección que leí en mi vida, escrito por el Maestro japonés Hideo Saito. Después de leer esto y tras veinte años estudiando percusión, pensé “vaya, ¡ya tengo mucho trabajo adelantado!

Seguramente, de todos las secciones que conforman la orquesta, la percusión sea el instrumento cuya técnica más se asemeje al movimiento de la batuta del director, de hecho, en algunos idiomas se utiliza la misma palabra para nombrar a la batuta y a la baqueta. No obstante, el objetivo de este artículo no es analizar si existe algún tipo de predisposición de los percusionistas a dar el salto al mundo de la dirección, aunque sería un tema interesante dada la gran cantidad de colegas que han dado y están dando ese paso. Más bien me gustaría hablar de cómo influye mi experiencia como percusionista de orquesta a la hora de dirigir y viceversa.

Cuando estudié dirección de orquesta en el Real Conservatorio de Bruselas, le pregunté a mi profesor, el Maestro Patrick Davin, qué pedía él a la percusión cuando estaba dirigiendo. “Ritmo y buen gusto” me contestó. Desde entonces, esa demanda de ritmo y buen gusto la he repetido hasta la saciedad a todos mis alumnos, ya que resume a la perfección el papel que la percusión debe de tener dentro de la orquesta.

La precisión rítmica y la solidez en el tempo constituyen la columna vertebral que todo percusionista debe tener a la hora de tocar en conjunto, ya sea en una orquesta o en un grupo de cámara. En los pasajes de mayor dificultad rítmica de una determinada obra, se crea un eje que atraviesa la orquesta desde los dos extremos del escenario: el director y el timbal. Cuando esa conexión funciona, resulta muy gratificante sentir cómo el resto de la orquesta se ensambla de forma fluida y orgánica. No hace falta explicar qué sucede cuando esa conexión se rompe por alguna de las dos partes.

El buen gusto abarca todos aquellos aspectos que hacen referencia a la calidad del sonido, pero desde el punto de vista del director, el más importante es la dinámica, ya que tanto la percusión como la sección de metales tienen la capacidad de incrementar de forma sustancial la sonoridad de cualquier pasaje. Recuerdo que mi profesor de timbales, Nick Woud, siempre me decía que la percusión es “el arte de acompañar”, y yo añadiría “y de no molestar”.

Obviamente, no hace falta ser director para valorar todos estos aspectos y poderlos transmitir a los alumnos, pero sí es cierto que la amplia visión de la orquesta que se tiene al dirigir permite confirmar estas cuestiones. Desde que empecé a dirigir, ha cambiado mi percepción y mi forma de tocar en la orquesta, y aunque parezca una paradoja, ahora tengo un concepto mucho más simple y sencillo de cuál es mi papel dentro del conjunto. Había cuestiones a las que antes daba más importancia y que ahora no me preocupan en absoluto, ya que desde el podio del director pasan completamente desapercibidas.

A mis alumnos de percusión siempre les he intentado resumir estas ideas con la imagen de un edificio sostenido por dos columnas. Una se llama ritmo y la otra se llama sonido. Si falla una de las dos, el edificio se viene abajo, pero una vez en pie, hay que decorarlo con fraseo, estilo y carácter.

Soy consciente de la gran cantidad de aspectos técnicos a los que un estudiante de repertorio orquestal de percusión se enfrenta, pero hay que tener en mente que todos esos elementos técnicos son simplemente el medio o la herramienta para conseguir tocar con buen tempo/ritmo y buen sonido, no son un fin en sí mismo. Así pues, debemos de aplicar el zoom y tener siempre presente que en la orquesta somos la parte de un todo. Que los árboles no nos impidan ver el bosque.

Animo a todos mis colegas percusionistas/directores a colaborar con este blog y a aportar su visión sobre este tema. La verdad es que nunca he preguntado a los músicos de una orquesta si existe algún rasgo que denote qué instrumento toca cada director, pero es un tema atractivo que podríamos desarrollar en próximos artículos. También sería interesante hablar sobre el repertorio con el que más cómodos podemos sentirnos a la hora de dirigir y si en ello influye ser percusionistas. Resulta satisfactorio dirigir una obra de música contemporánea de forma solvente y que algún músico te diga “se nota que eres percusionista”. Lo malo es si después de dirigir a Brahms, se acerca el mismo músico y te dice “se nota que eres percusionista”.